domingo, 25 de junio de 2017

PIETA (Kim Ki-Duk, 2012)




En la Piedad, Miguel Ángel retrata a la Virgen María sosteniendo el cuerpo de Cristo Crucificado, una imagen que nos habla de la compasión, la muerte, el martirio y el perdón, sentimientos que son cruciales dentro de la filmografía de uno de los autores más fascinantes del cine asiático: Kim Ki-duk. En esta película el aclamado director surcoreano hace honor a su cine y nos presenta un descarnado drama acerca de un siniestro cobrador y la culpa que le atormenta por el hecho de poder perder a la madre que acaba de conocer. Las películas de Kim Ki-duk son como fábulas budistas donde la violencia, la soledad, la culpa, la obsesión y el amor son algunas de las aflicciones por las que todo ser humano, (sobre todo, los marginales) han de transitar. Estos grandes temas, así como el lenguaje íntimo y la complejidad de la historia hacen de la película una experiencia a la vez intensa, perturbable y sobrecogedora.



En las primeras escenas observamos a Lee Kang-do (Lee Jung-jin), recostado sobre la cama y dándose placer a sí mismo para luego salir en busca de un “cliente”  y quebrarle el brazo con tal de cobrar el seguro y saldar la deuda. El protagonista es un ser solitario, insensible, completamente despreciable y violento que es capaz de cometer las mayores vejaciones posibles con tal de “hacer su trabajo”. Para esto, recurre a los métodos más extremos llegando a traumatizar a las personas y dejarles lisiados de por vida, sin considerar que la mayoría de éstas viven en guetos bajo condiciones laborales paupérrimas muy similares a las que podríamos encontrar en un país tercermundista. Un día, una mujer quien dice ser su madre Mi-son (Jo Min-su) llega ante él y todo cambia. La relación que logra establecer con la enigmática mujer y el clímax derivado de ésta convierten la trama en un tragedia de proporciones épicas.



Kim Ki-duk, como buen autodidacta y un ferviente admirador del cine francés (Godard, Truffaut, Leos Carax, etc.) nos ofrece una película rodada como un documental, utilizando una cámara en mano por momentos nerviosa al pulso de la línea dramática llena de angustia y desazón, sobrellevando el eje narrativo de manera concisa, escrupulosa y atenta a los detalles más mínimos y sórdidos, muy recurrentes en su cine (la sangre, los lugares  claustrofóbicos, las mujeres misteriosas, los animales sacrificados, etc.). Todo el conjunto está lleno de atmósferas que alimentan el contraste, la ilusión, el silencio, los climas sombríos y  la incomunicación entre sus protagonistas. El espectador de Kim Ki- duk se hace cómplice de la imagen por más dura que sea y se somete a la historia a la espera de una resolución total. Sólo los grandes directores logran eso.

 


La piedad del título es un claro contraste con el vacío emocional y la falta de compasión de Kang-Do, una persona que como explica su supuesta madre en reiteradas veces: “la falta de amor lo hizo así”. Pero la historia va más allá. Lo que retrata el director surcoreano es un sistema social y económico caótico y miserable capaz de destruir la dignidad de las personas a cualquier precio y deshumanizarlos por completo. Hay una mirada muy crítica que se hace evidente en una de las escenas cuando Kang-Do regresa a casa y le dice a la mujer que vive con él, “¿Qué es el dinero?” y ella responde: “¿dinero?, el comienzo y el fin de todas las cosas, amor, honor, violencia, furia, odio, celos, venganza, muerte”.




Pieta es una película intensa, realista, difícil y profunda. Narrada con todo el brillo, crudeza y la estética característica de uno de los mejores directores de la actualidad, que confirma una vez más, su innata  habilidad para impresionar, conmocionar, irritar y purificar. Una gran película que cuenta con uno de los finales más desoladores.        


PIETA TRAILER 




miércoles, 31 de mayo de 2017

MARTHA MARCY MAY MARLENE (Sean Durkin, 2011)




El tema de las sectas siempre ha sido muy interesante sobre todo aquellas dirigidas a jóvenes y adolescentes que viven en ambientes de abandono, intolerancia, libertinaje y relativismo moral lo que se traduce a la vez como una representación de la crisis actual de la sociedad moderna. En la película Martha Marcy May Marlene, título por demás sugestivo, se hace eco de estos temas y se narra la experiencia personal de una joven que vive en una “comunidad” por dos años, provista de “lazos familiares” pero vulnerable al fin a todo lo que ahí pueda suceder. El título hace referencia también a los estados de conversión al que puede ser sometido una persona que pasa por una experiencia similar: Martha, Marcy May y Marlene.


En el comienzo de la historia observamos a Martha (Elizabeth Olsen), la integrante de una secta a las afueras de la ciudad, angustiada y afectada huyendo del lugar y refugiándose en una casa familiar al lado de su hermana Lucy (Sarah Paulson) y su novio. A medida que la protagonista intenta llevar una nueva vida, el pasado le persigue y se hace presente a través de flashbacks muy lúcidos, algunos de buenos momentos, y otros, la mayoría acaso, de recuerdos infelices que quisiera borrar de su memoria. Ella empieza a confundir la realidad y su comportamiento inestable con serios ribetes de paranoia la convierte en un peligro para todos. Lucy decide internarla en un hospital y la película concluye con un final imprevisto, abierto y drástico,  que nos deja atónitos y absortos por unas horas.    




Las vivencias de Martha se conectan con momentos claves que vive en la actualidad en la casa de campo, a través de la técnica de la analepsis, lo que le confiere un mayor grado de suspenso y tensión dramática a la trama. Ambas historias, la del presente y el pasado, suceden en el campo, alrededor de los árboles para apaciguar los ánimos y darle un aire de “normalidad” y “sobriedad” al relato, y a la vez  sentir  que el ritmo se desacelera y los sonidos naturales retumban. Esta es una película de aprendizaje invertido, de falsos principios, de etiquetas y simbolismos, de miedos y delirios que pueden ser el detonante para mayores tragedias. Por eso vemos a un personaje tan fascinante como el de Patrick (John Hawkes), el hábil y carismático líder de la secta que enseña a los jóvenes el valor de la vida en grupo, el camino del sosiego y la complacencia, pero también del nihilismo, de la violencia soterrada (la escena en la que atacan a una persona que lleva una vida “común” es de terror y desvela una rabia incontrolable) y del fanatismo que le hacen repetir frases “motivadoras” que no distan mucho de las que pueda usar cualquier yihadista: “sabes que la muerte es la parte más hermosa de la vida, porque todos la tememos, y el miedo es la emoción más hermosa de todas porque nos permite crear conciencia”            




Martha Marcy May Marlene, como dije al inicio, revela también un proceso de adoctrinamiento típico de cualquier secta. Martha, la joven que huye de casa tras la muerte de su madre sin metas ni ambiciones, que sólo quiere vivir el momento y aprender todo tipo de “experiencias” es también, Marcy May, la joven que forma parte de una “familia” de estrictas normas, la que come sólo con mujeres y aprende una labor doméstica, la que pasa por el rito de “iniciación” a través del sexo para “limpiarse del pasado y de las toxinas” y a la que dedican una hermosa canción (una de las escenas capitales de la película) donde le dicen “Marcy, eres sólo una pintura”, y es finalmente, Marlene, la chica conversa que usa un seudónimo para promover la muerte.    



Martha Marcy May Marlene es una película inquietante, introspectiva, silenciosa y con un discurso muy potente. Posee escenas fascinantes y sofocantes, cuidadas al milímetro para impactar e incomodar. Puede interpretarse por igual como un hábil e inteligente estudio sobre la naturaleza humana, la moral y el comportamiento sectario y como un thriller sicológico con elementos del terror. Una joya del cine independiente que merece verse, con un final ambiguo y que cuenta con una brillante actuación de Elizabeth Olsen, la más pobre aunque la más talentosa de las hermanas Olsen. 


MARTHA MARCY MAY MARLENE   TRAILER





miércoles, 10 de mayo de 2017

A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT (A. L. Amirpour, 2014)





Interesante debut de la realizadora de procedencia iraní, Ana Lily Amirpour, quien logra proyectar toda la fuerza, originalidad y simbolismo propio del cine de vanguardia en esta película y hacer de ella una obra completamente libre y deslumbrante. La directora radicada en los EEUU se nutre del cine independiente made in Usa, el cómic, la Nouvelle Vague, etc., para dar rienda a su imaginación y vena artística a través de una historia de amor silenciosa y apacible que gira alrededor del mito vampírico, rodada en un reluciente blanco y negro y en idioma persa.


En una ciudad inexistente, Bad City, una mujer vampiro (Sheila Vand) deambula por las noches con su chador y una patineta en medio de calles desoladoras y personajes anodinos en busca de posibles víctimas, de preferencia, de baja reputación. A la vez, trata de acercarse a ciertas almas solitarias y sufridas que como ella buscan un poco de consuelo. En ese transitar conoce a Arash (Arash Marandi), su alter ego, un joven de apariencia triste que vive con su padre drogadicto y con el que se vincula sentimentalmente.


 Si bien la trama se sitúa en Irán, la película fue hecha en California, en algunos parajes industriales y vacíos para emular los escenarios fríos y nocturnos de la ciudad ficticia. La luz, las sombras y la fotografía son de una importancia vital y contribuyen a crear esa atmósfera de extraña melancolía, desazón y soledad manifiesta constantemente. Igual nivel de importancia tienen los encuadres fijos  y los travellings. La cámara se acerca para mostrarnos el mundo interior de la protagonista, sus bailes, miradas y candidez y se aleja para mostrarnos su lado más oscuro acechando a sus víctimas.


Esta es una película de sensaciones y vibraciones, casi silente. Los personajes se comunican a través del tacto, el baile y el cuerpo. Por eso, la directora estira el tiempo, incluso lo detiene por momentos para envolvernos en imágenes oníricas y musicales e impregnarnos de toda su nostalgia y belleza. Si bien el ritmo es dinámico, a veces sentimos que se ajusta maravillosamente para destacar alguna escena. Por cierto, otro de los recursos claves de la película es su excelente soundtrack que va desde temas spaghetti western, hasta bandas de rock como White Lies (la escena en la que ambos protagonistas conectan entre sí escuchando el tema Death es fantástica, casi etérea) pasando por ritmos electrónicos y árabes.


No podemos dejar de lado la impecable interpretación de Sheila Vand, una gran actriz poseedora de una belleza clásica que motiva e inquieta y que encaja perfectamente en su rol de vampiresa, con esos ojos penetrantes y esa grácil silueta capaces de seducir serenamente y con el menor esfuerzo.   

A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT es una película fascinante, atrevida, hipnótica, poco convencional y sensorial. Está hecha para prescindir del tiempo, al menos por unas horas, ensordecernos con su sonoridad y silencios e iluminarnos con sus imágenes sombrías y magnéticas. Una película fantástica perteneciente al género de vampiros que desde ya pertenece a nuestra memoria visual cinematográfica.     


A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT  - ESCENA MUSICAL



domingo, 16 de abril de 2017

SILENCE (Martin Scorsese, 2016)




M. Scorsese vuelve a la palestra con una película que ahonda su lado más espiritual y contemplativo del mismo modo que lo hiciera en películas memorables como Kundun (1997) y La última tentación de Cristo (1988) aunque en este caso deja entrever una mirada más serena y lúcida propia de su madurez artística y confirma su gran dominio del lenguaje cinematográfico.


Para ponerse a prueba, el director ítalo-americano se inspira en una novela homónima (y muy reconocida en la década de los 60s) del autor japonés Shusaku Endo, que narra la tragedia de un grupo de jesuitas a mediados del Siglo XVII en su afán de llevar el cristianismo a tierras niponas. Si bien la película y la novela cumplen con su función histórica, ambas sirven de reflexión sobre los senderos de la fe y el espíritu en medio de la represión religiosa y sobretodo trata de responder una pregunta clave: ¿hasta dónde somos capaces de llegar en nombre de Dios?.       



La historia sigue las desventuras de dos jesuitas, Sebastiao Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver) que se ven obligados a viajar a la ciudad de Nagasaki en busca de su mentor, el padre Ferreira (Liam Neeson) acusado de apostasía. En su trayecto logran contactar con algunos pueblerinos convertidos al cristianismo que secretamente y con temor a las represalias del cruel inquisidor (Issey Ogata) les ayudan y brindan protección. Ambos son testigos del extraordinario fervor religioso de los conversos capaces de sufrir martirios en lugar de renunciar a su fe. Cuando la situación se hace insostenible los misioneros deciden separarse y luego son capturados por el inquisidor. Lo que sigue es el suplicio constante al que someten a Rodrigues con el objeto de quebrantarlo para traicionar sus creencias; una lucha interna entre fe y razón, cuerpo y espíritu se desata en él y termina por representar su propia pasión.




Si bien el tema religioso está presente en la mayoría de películas de Scorsese, el gran director católico se encarga de ir más allá e inmiscuirse en los terrenos de la fe y la psicología del individuo consagrado a Dios y a la religión. El monje interpretado por Andrew Garfield vive su propio tormento siendo testigo del calvario de muchas de las personas que ven en él una especie de redentor y ven en la muerte, una suerte de expiación y liberación. Por eso, Rodrigues cuestiona constantemente si vale la pena tanta tortura y si en verdad el dolor y el sufrimiento son los verdaderos caminos de la fe. En una escena memorable y desgarradora el monje jesuita escucha o imagina escuchar a Dios pidiéndole que cese su tormento y que se rinda para salvar a otros. La escena es tan cristalina y espiritual (nos manifiesta al Dios amor en contraposición con el Dios castigo), que recuerda la escena de la “niña” que se aparece ante Jesús crucificado y lo libera de su “cruz” en el controvertido filme La última tentación de Cristo.




Polémica aparte, a similitud de la película mencionada de Scorsese que termina con un final reivindicatorio y que hace de ésta una de las mejores películas cristianas de todos los tiempos, Silence tiene uno de los finales más sublimes de la historia. La película busca trascender el tema espiritual innato en cada uno al sobrellevar el drama de la fe y los límites de ella de una manera profunda e integral, en nuestro interior, como seres humanos capaces de amar y perdonar y de manifestar la raíz misma (creo yo) de la fe religiosa: servir a los demás.

Por otro lado, Silence es una película de una factura técnica impecable. Desde los escenarios y la magnífica fotografía que resalta la solemnidad y los climas sombríos que sobresalen durante todo el metraje hasta la luminosidad de las imágenes, los planos fijos y contenidos, la ausencia de banda sonora y las interpretaciones de primer nivel de los actores principales y secundarios. Todo el lenguaje de la película está al servicio de la historia y busca impactarnos, conmocionarnos y poner a prueba nuestra humanidad, nuestros instintos de supervivencia y nuestra disposición casi natural de creer en algo.



Silence es una brillante película que funciona como un viaje emocional y espiritual por los derroteros de la fe. Una obra intensa, poderosa, cruda y reflexiva que busca compenetrarnos con lo más hondo de nuestro ser, Dios y su silencio. Tendría que convertirse con justicia en un clásico del cine religioso y consolidar la reputación  de Scorsese como uno de los grandes creadores de nuestro tiempo.   


SILENCE   TRAILER   


   

 



domingo, 19 de marzo de 2017

ELLE (Paul Verhoeven, 2016)




En 1953, el genial director aragonés Luis Buñuel exhibe la película “Él”, considerada una obra maestra y una de las mejores películas de todos los tiempos.  Traducida en México como “El Bruto”, la película es un thriller sicológico que funciona como un drama (e incluso una comedia) y se basa en un personaje de apariencia “normal” pero cuya mente se hace retorcida y paranoica a raíz de los celos enfermizos que siente por su esposa. El título “Él” alude al carácter universalista del trastorno mental, el estrés y una falsa moral que de alguna manera está presente en nuestras acciones e influye en la conducta de millones de personas. En el 2016 el gran director holandés P. Verhoeven estrena “Elle” (Ella), otro título vanguardista y universal que guarda relación con la película anterior aunque con un mayor grado de sordidez, ironía y ambigüedad.


Paul Verhoeven, el director de películas tan disímiles como “Las delicias turcas”, “Robocop”, “Showgirls”, “Bajos instintos”, “El libro negro”, etc., y el único en recibir y agradecer en vivo un premio Razzie, ha sabido construir la reputación de un director arriesgado, apasionado, eficiente y mordaz; un cineasta que cada vez hace menos cine pero con mejores resultados. Su última película es un testimonio de todo ello. La historia sobre la violación de una mujer mayor y la búsqueda de la verdad podría suponer un thriller o un drama serio en manos de cualquier aficionado pero P. Verhoeven convierte la trama en una especie de comedia dramática satírica salpicada de humor negro, personajes amorales e incluso un fino erotismo donde el límite entre lo sano y lo insano es muy tenue y donde la versatilidad y el poco sentimentalismo de la protagonista se extiende y acentúa en toda la trama.




Isabelle Huppert da vida a Michele Leblanc, la directora de una importante firma de animación de videojuegos para adultos. Ella es una mujer fuerte, impávida e impredecible. Vive sola en compañía de un gato y marcada por un trauma de la niñez. La historia se inicia cuando Michele sufre una violación en casa y decide continuar con su vida con total normalidad hasta que nuevamente es atacada por el mismo perpetrador. La presión que ejerce en el trabajo convierte en sospechosos a sus trabajadores ya que consideran a Michele una “bruja sádica”. El comportamiento retorcido e indescifrable de la protagonista transforma la situación en un affaire entre víctima y posible victimario lo que hace más pecaminoso el actuar de Michelle y abre la puerta para verdades y emociones que pocos son capaces de sentir.


“Elle” es una película que trastoca valores, incomoda y hiere desde una visión “correcta” de la vida y de los sentimientos, inclusive puede ser censurable no por el sexo ni las escenas violentas sino por las sensaciones, situaciones y algunas frases temerarias. La lujuria y la libertad son dos fuerzas que pueden coexistir en sociedades modernas pero cuesta graficarlas y exponerlas. “Elle” también puede interpretarse como una película agresivamente feminista al mostrar a una mujer capaz de lidiar con una situación tan cruel y humillante como la de una violación de la manera más sobria y natural. Claro que la protagonista es valiente y fría pero también es auténtica y veraz. Ella hace y dice lo que piensa, se acuesta con quien desea y se da el lujo de llevar su “caso” solitariamente. A su lado, los personajes masculinos son endebles y patéticos. Comenzando por el padre sicópata, el hijo mediocre, el ex esposo fracasado, el amante inútil para consolarla incluso después de que ella le confiesa su  violación y el extraño vecino que guarda tantos secretos y perversiones como la protagonista.



“Elle” tiene una mirada displicente y pesimista del amor, las relaciones de pareja, los amigos y el sexo. Su relativismo moral es inquietante aunque reflexivo y completamente verosímil. El guión y el trabajo de P. Verhoeven son muy cuidados ya que la historia no se extralimita, ni los personajes caen en el vacio absoluto o el absurdo, son reales y humanos. La actuación de Isabelle Huppert es potente, excitante y descomunal. El  director holandés ofreció el papel a varias actrices de EEUU pero todas la rechazaron. Sólo una actriz completamente desinhibida y sobresaliente como I. Huppert podía personificar a Michele. El papel le asienta a la perfección.


“Elle” es una película oscura, intrigante y fascinante. Toda su fuerza radica en la maestría de P. Verhoeven para dirigir y en la brillantez escénica de Isabelle Huppert. Un thriller de suspenso que impacta y es capaz de llevarnos por senderos indescifrables. Uno de los mejores estrenos del 2016.    


ELLE   TRAILER



domingo, 5 de marzo de 2017

LA LA LAND (Damien Chazelle, 2016)




Un joven y obsesionado baterista de jazz le confiesa a su chica que lo mejor sería terminar la relación ya que él tiene que usar todo su tiempo para ensayar, perfeccionar su técnica y ser el mejor. Ella consternada le pregunta: ¿de verdad piensas que yo te perjudicaría en tu carrera?. Él asienta. Ella le tilda de loco y luego se retira. La escena pertenece a la extraordinaria Whiplash (D. Chazelle, 2014) y sirve para retratar los límites de la pasión, el amor por la música, la búsqueda de la perfección, el sacrificio y la lucha constante como vías de crecimiento y liberación, etc., temas cruciales que sirven de estímulo para el novel director D. Chazelle. Algunas de estas ideas y la narrativa de este cineasta son perfeccionadas en su siguiente película: La La Land (La ciudad de las estrellas).

La vida es un musical. Todo nuestro entorno está rodeado por sonidos: la propia naturaleza, el ruido de la modernidad, sonidos estridentes, la tecnología, la voz humana y la música. El silencio no existe. La música es un medio de sobrevivencia: consuela, divierte, entristece, apasiona y juega con nosotros. La vida sería caótica sin música y sin historias de amor como la que protagonizan Sebastian Wilder (Ryan Gosling) y Mia Dolan (Emma Stone).



Mia es una aspirante a actriz que sirve en una cafetería dentro de un estudio de cine. Vive el gran sueño de Hollywood esperando la fama y el reconocimiento. Ella es persistente, emotiva, divertida, con poca suerte en el amor y estresada por los castings que pasan sin suerte. Sebastian es un pianista apasionado por el jazz y la buena música. Él es discreto, inconforme, taciturno y sobrevive tocando en clubes y fiestas compartiendo con gente que no entiende de su arte. En un instante, en medio del silencio y de un público indiferente, ella se acerca y le dice: “Te oí tocar y sólo quería decirte..” y ¡zas!, él choca contra ella y la deja a un lado. Ese momento mágico es el preludio para una tempestuosa historia de amor.



Luego de aquel incidente, Mia y Sebastian se reencuentran, logran conocerse y enamorarse no sin antes deslumbrarnos a través de la danza y el ritmo contagioso de varias secuencias musicales que rescatan lo mejor del género.  En efecto, son estos momentos los que convierten a D. Chazelle en un gran orquestador que logra fascinarnos e impresionarnos con hermosas secuencias de baile perfectamente sincronizadas y ejecutadas por un par de actores talentosos y un conjunto de travellings y planos de lujo con escenarios de ensueño. Todo funciona a la perfección y es narrado con maestría y elegancia, desde los colores, los vestuarios, los decorados, las coreografías hasta la banda sonora adictiva y precisa. En suma, una puesta en escena inolvidable que representa lo mejor de la película. La escena en la que Mia y Sebastian alzan vuelo y bailan entre las nubes y las estrellas es de una belleza celestial. Lo que sigue es una historia cautivante y nostálgica, llena de sueños y sinsabores en donde el amor sirve de coraza y refugio pero la realidad se impone.




Por eso, La la Land es un musical atípico, diferente, que festeja el amor, la vida, el cine y la música pero lo hace sin alejarnos del drama y la angustia por sobrevivir en un mundo de pocos colores y sonidos. El musical se hace potente y funciona porque revitaliza la felicidad y la energía del amor como alicientes para luchar contra todo, incluso el hecho de llevar una vida de fracasos y sueños imposibles donde pocos te entienden y valoran. Las coreografías y la canción “City of Stars” que acompaña a la pareja en todas las estaciones de su relación no distorsionan el “realismo” de la película, más bien la complementan y todo se hace verosímil y auténtico.



La segunda parte de la película se convierte en un melodrama donde el baile apenas aparece, salvo la magnífica secuencia final y la escena donde Mia interpreta una triste canción que reivindica a los soñadores y románticos del  mundo. Por cierto, la actuación de Emma Stone es impecable y llega a la cúspide en esta escena. Su personaje es mucho más intenso que el de Ryan Gosling. Ambos protagonistas logran una gran sintonía que es primordial para sostener el drama. En una breve escena Sebastian convence a Mia para dejar en “stand by” su relación ya que ella tiene que dedicarse por entero a la actuación. Ambos prometen que se amarán por siempre y la escena se cierra en un azul crepuscular.
  

La La Land es una maravillosa película llena de magia e ilusión. Un homenaje al cine clásico, al amor que conmueve y dulcifica la vida, al romanticismo, al jazz y a los musicales que hemos olvidado y que están desapareciendo. La La land es una reivindicación de lo mejor del cine como espectáculo de masas. El séptimo arte en toda su extensión.  


LA LA LAND   ESCENA



domingo, 19 de febrero de 2017

FRANCES HA (Noah Baumbach, 2012)




En el 2010 un Ben Stiller transformado protagoniza la película Greenberg, una comedia atípica que se centra en la historia de Roger Greemberg, un personaje emocionalmente afectado que pasa unos días en la casa de su hermano e inicia una  relación algo tensa con su asistente. A pesar de incluir a un actor proveniente de Hollywood, la película y el director Noah Baumbach son claros exponentes del cine independiente made in USA, aquel que se centra en historias cotidianas, renuncia a los efectos y se hace con presupuestos limitados. La película también sirvió de lucimiento para la actriz Greta Gerwig, considerada una musa dentro del movimiento indie.


Luego de Greemberg, Noah Baumbach dirige la que quizá sea su obra más aclamada: Frances Ha. Una película que encarna lo mejor del cine independiente, narrada con total soltura y en un acertado blanco y negro que la hacen ver como un clásico con reminiscencias a Manhattan (Allen), Gloria (Cassavetes) y Extraños en el paraíso (Jarmusch). La cámara desenfadada, los diálogos improvisados y la historia, mejor dicho, el fragmento de historia que abarca unos pocos días en la vida de una mujer desorientada y sin aspiraciones la convierten también en una digna heredera de la Nouvelle Vague.


Las primeras imágenes de la película son hilarantes: dos amigas jugando a las peleas, escondiendo las propinas de los músicos callejeros, corriendo por el Central Park y orinando en la estación del metro. Todo pasaría de lo anecdótico si no se tratase de dos mujeres cercanas a los 30. Frances Halliday (Greta Gerwig) tiene 27 años y vive con Sophie (Mickey Sumner), su mejor amiga, compañera de juergas y confidente. La relación de ambas es tan intima que como sugiere   Frances: “parecemos una pareja de lesbianas que ya no lo hacen”. Todo cambia cuando Sophie se independiza y abraza el noviazgo. A partir de ese momento, Frances empieza a pasar ciertos apuros. Vive con unos amigos por un tiempo, su trabajo de bailarina no le reditúa lo necesario, visita a sus padres y termina en Paris sola y sin dinero. De regreso, parece resuelta en continuar viviendo según sus convicciones: sonriendo casi siempre y valorando el presente y la amistad por encima de todo. El final de la película es sublime.




Fuera de las convenciones sociales, morales y del sistema capitalista (“éxito”= “riqueza”), la historia de Frances es la historia de muchas personas en edad madura que buscan el rumbo y pasan por una crisis existencial viviendo la vida relajadamente sin metas ni ambiciones pero rodeados de amigos. El lema CARPE DIEM (VIVE EL AHORA), es la regla y todas las preocupaciones de la adultez están casi ausentes. Frances es una mujer dulce, mordaz y llena de energía aunque confundida y temerosa del compromiso que pueda llevarla a una vida monótona, vacía y sin amigos. Es así que prefiere la amistad al amor, la aventura al trabajo, lo artístico sobre lo mundano y cada instante y persona son una lección de vida. Ella tiene el talento de agradar a los demás siendo como es, sin máscaras. Por eso, nos enamoramos de Frances desde su primera risotada, viéndola sumergida al interior de una piscina e incluso corriendo hasta el cajero para pagar la cuenta; los momentos más disparatados son los más emocionantes.   


Alguna vez leí de un crítico de cine que si existiese el Oscar del Cine independiente, Greta Gerwig tendría tantos premios como Meryl Streep. He visto pocas películas con ella pero basta ver Frances Ha para darnos cuenta que estamos ante un gran actriz, totalmente identificada con el personaje y comprometida con el cine independiente. Toda la película gira en torno a ella, por eso, la manera en que mira a los demás, responde con sarcasmo, cambia de humor y hace lo que se le venga en gana es instintivo y responde a las emociones e impulsos más básicos. Hemos dicho que la improvisación es un rasgo crucial en este tipo de películas y lo de Greta Gerwig es muy loable y profesional, no por nada, ella es co-autora del guión junto a  Noah Baumbach.


Frances Ha es una joya dentro del cine independiente estadounidense, una película lúdica, hilarante, realista, inteligente y enternecedora. Un homenaje al cine fuera del mainstream, donde las historias, los diálogos y las personas lo son todo y la libertad creativa es total. Un tipo de cine que merece verse siempre.            


FRANCES HA   TRAILER