viernes, 27 de marzo de 2020

RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS (Céline Sciamma, 2019)








Francia. Finales del siglo XVIII. Una mujer contrata los servicios de una pintora para retratar a su hija antes de contraer matrimonio con un varón Milanés. El encargo es especial ya que la pintura debe realizarse sin que la hija lo sepa, con absoluta discreción y en el más breve plazo lo que conlleva a un acercamiento entre ambas que terminará por desencadenar una historia de amor trágica y bella, solo perdurable en el tiempo a través del retrato de la mujer amada.




Película de múltiples atributos, desde la fascinante historia de amor que se desarrolla a la par con la ejecución del retrato, primero, dibujando los contornos, lo que se manifiesta en las primeras miradas, diálogos, insinuaciones hasta el añadido del color y los detalles que representan la introspección del alma, las confidencias, el amor, el sexo. La pintora, Marianne, hace varios bosquejos, dibuja una y otra vez hasta buscar la perfección lo que alcanza en ciertos momentos de  clímax junto a Heloise, su musa, cuando se dan cuenta que su relación es imposible y que lo único que les queda es esa sensación de melancolía y sosiego al retratarse una en la imagen y mirada de la otra.




También resalta la hermosa fotografía, los decorados naturales exteriores e íntimos, la actuación de las protagonistas, la música y el mar embravecido que se aprecia como un hermoso símil de un amor impetuoso y fugaz como las olas del mar, todo como si fuera un gran óleo de época que retrata la condición de la mujer obligada al casamiento y a la subordinación. Esta es una película feminista de un halo evocador de luchas muy actuales donde todos los protagonistas son mujeres que sufren, aman y vuelven a sufrir.





Cabe resaltar el mito de Orfeo y Euridice que ambas protagonistas discuten y parecen revivir. Orfeo rescata a su amada del inframundo con la condición de que no la vea hasta el final pero no puede resistirse y la pierde, solo mantiene el recuerdo del último instante, tal como el que buscan perpetuar Marianne y Heloise. También la última escena es sobrecogedora. Luego de varios años, la pintora asiste a un concierto al que se dirige la mujer que alguna vez amó con devoción pensando que la familia y la vida hicieron que la olvide, ella, con esa duda tan marcada en el corazón y al otro lado acaso con el mismo misterio y recelo, sola y desconcertada, la dama del retrato.  






Retrato de una mujer en llamas es una película sobresaliente, narrada con maestría y sobriedad. Una película de auto descubrimiento, intensa, que habla de la memoria y los recuerdos, de la frustración y la pasión, de la creación y la soledad; una llamarada del amor fugaz que hace eco con el título, pero sobretodo, una película que reivindica el elogio al romanticismo y a la amistad.  


RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS - TRAILER



domingo, 18 de agosto de 2019

EL CABALLO DE TURIN (Bela Tarr, 2011)




Un caballo herido azotado vehementemente por su dueño defendido por el mismísimo F. Nietzsche a plena luz del día emprende el largo y penoso regreso a casa en medio de la vorágine y las inclemencias del clima y el entorno duro y ruinoso de la familia que lo acoge. Un viejo, su hija y el caballo son testigos silenciosos de una realidad que parece inmutable y frágil, donde el tiempo parece detenerse y donde la sobrevivencia es la regla; el mito del eterno retorno de Nietzsche de las penas y vivencias que se repiten una y otra vez se hace manifiesto en esta película.




Los hechos intrascendentes, el sentimiento trágico de la vida, el nihilismo y la muerte de Dios, ecos del  filósofo alemán, son algunos de los temas que se dejan entrever y sirven de base para poder entender la trama. Desde una papa que sirve de alimento diario hasta el caballo enfermo y lánguido que a duras penas puede caminar y servir de herramienta a la familia, todo narrado con un sentido de atemporalidad y realismo extremo y extenuante que difícilmente deja indiferente al  espectador.




Para esto el director húngaro hecha mano a la introspección y a la meditación   más profunda y detallada de los hechos a través de una serie de planos fijos donde observamos en tiempo real escenas terrenales dentro de la cabaña como el acto de dormir, pensar, comer, soñar, sacar al caballo y contemplar ya sea el horizonte por una ventana sucia, la poca luminosidad de un candelabro apunto de apagarse o el mismo vacío caótico dentro y fuera de la cabaña que parece infinito.




La contundente sobriedad de las imágenes y el clima austero lleno de atmósferas de constante extinción y precariedad aluden a un sentimiento de fatalidad y monotonía que es el devenir en la película, como dijera uno de los protagonistas: “la nobleza ha muerto y el hombre ha degradado todo”. La realidad agobiante hostiga y la sobrevivencia es la lucidez frente a esa realidad, por eso todo continúa y fluye a pesar del caballo que se resiste a andar, los gitanos que roban la poca agua que queda en el pozo y el fuego de la lámpara que se extingue llenando absolutamente todo de oscuridad.




Es interesante que el director húngaro homenaje a Nietzsche desde su ausencia y a través del caballo que este abraza con fuerza mostrando humanidad y compasión ya que la anécdota es real. Desde entonces el famoso filósofo se encierra durante 10 años y termina loco. Magnifico símil con la tragedia del caballo que defendió y la de sus dueños. B. Tarr utiliza una fotografía en blanco y negro intensa y llena de claroscuros como la vida misma.


El caballo de Turin es una película arriesgada, compleja, cruda y potente en su discurso. Una magnifica lección de filosofía y humanidad, narrada con luminosidad y cadencia y una belleza visual que la vuelven imperecedera.



EL CABALLO DE TURIN TRAILER






domingo, 22 de octubre de 2017

BLADE RUNNER 2049 (Denis Villeneuve, 2017)




Han pasado 35 años luego del estreno de Blade Runner (Ridley Scott), la película de ciencia ficción más impactante de los 80s y que se convirtió con el tiempo en un referente obligado del género. Una obra visionaria, de múltiples lecturas y significados, deslumbrante visualmente y de una profundidad conceptual que cobra mayor relevancia hoy en un mundo dominado por las nuevas tecnologías, la automatización y el individualismo. Blade Runner 2049 representa la continuación de ese futuro incierto, apocalíptico y represivo en el que las corporaciones tecnológicas lo dominan todo dando paso a un submundo de marginalidad y decadencia donde los humanos y “no humanos” luchan por sobrevivir. Una “ficción” muy similar a la ideada por Fritz Lang hace 90 años (Metrópolis). Más allá de las virtudes, aciertos y belleza de la película, la gran interrogante es si Blade Runner 2049 es de verdad una película “distópica”,  “futurista” e imposible de imaginar en una realidad cercana a la nuestra. ¿Podemos sentir o pensar como un replicante?.




Es el 2049. A diferencia del 2019, época en que transcurren los hechos de la película inicial,  los replicantes pertenecen a un prototipo avanzado que les hace vulnerables y obedientes, forman parte de la sociedad y no tienen fecha de caducidad. Las unidades blade runners continúan cazando androides inteligentes pero de versiones anteriores. En medio de ese universo de sonidos metálicos, tridimensional y desolado en el que habitan todo tipo de "seres", surge la figura de K (Ryan Gosling), un oficial replicante que trabaja para la policía de Los Ángeles (LAPD) a órdenes de su superior Joshi (Robin Wright). Su único disfrute le proporciona Joi (Ana de Armas), diminutivo de Joy (alegría), un holograma de silueta femenina que viene a ser su novia virtual.  A raíz del “retiro” de un replicante se descubre un hecho que desconcierta a todos y que podría acabar con el “orden” establecido: los replicantes pueden engendrar. Joshi le ordena a K eliminar cualquier rastro que sirva de evidencia. Es así que el oficial del LAPD tiene contacto con la mayor empresa de bioingeniería del mundo, Wallace Corp dirigida por el “iluminado” Niander Wallace (Jared Leto) a través de su principal ejecutiva Luv (Sylvia Hoeks), un magnífico prototipo diseñado por el propio Wallace. Consciente de cumplir con su misión y de ser capaz de “sentir” cierto nivel de apego, K se encuentra en una encrucijada, algunos recuerdos de su “niñez” se revelan como verdaderos y decide encontrar a la única persona que podría darle respuestas: Rick Deckard (Harrison Ford), el protagonista de Blade Runner.                 


Los universos fílmicos en los que se basa y utiliza Villeneuve son de una trascendencia que evoca lo metafísico y espiritual. El gran director canadiense nos introduce en una historia de una realidad y plasticidad que podríamos llamar casi única si no rescatase para sí lo mejor de la película original de 1982, logrando una fuerza visual de igual impacto y una completa correspondencia con el imaginario futurista creado por Ridley Scott, por eso, esta secuela es perfecta, se mueve dentro del mismo concepto, técnica y complejidad que convierte a Blade Runner en una saga memorable. Desde la temática misteriosa, reflexiva y cautivante; el impresionante lenguaje fílmico, es decir, la ilusión de captar una imagen y hacerla perdurable y pura hasta la capacidad de moldear escenarios y arquetipos donde la luz y el color sirven de lienzo y cada plano es una obra de arte. Igual valor tienen el tiempo y las dimensiones sonoras que se estiran para crear el resplandor y el efecto exacto y producir aquel momento mágico donde todo parece ser celestial y aterradoramente humano.




Las atmósferas y los climas sombríos de contaminación, radiación y muerte se contrastan con las imágenes corpóreas, de siluetas en luces de neón, virtuales y reales, humanas y robóticas que están en constante movimiento y trance. Los sonidos metálicos y electrónicos de las grandes urbes desentonan con el silencio de las zonas inhabitables impregnadas de miseria y desazón. Esta es una película donde las disonancias son tan relevantes como las armonías. Por eso, los replicantes transitan en un mundo imperfecto, caótico, impredecible, solitario, donde rescatar lo más humano debe ser un acto heroico, de profundo sacrificio y al parecer los únicos llamados a generar este cambio son los “no humanos”.



K es un replicante que tiene dudas y confrontaciones con su lado más humano y no cesa de preguntarse qué es en realidad, cuál es su sentido en la vida, si vale la pena hacerse esas preguntas constantemente y si la respuesta no es quizá una puerta abierta de dimensiones cósmicas. En ese sentido, la gran interrogante de la película continúa siendo en qué radica la humanidad. La misma pregunta que nos hacemos a menudo y que quizá seamos incapaces de responder en el 2049 sentados en el sofá y acariciando la etérea silueta de nuestro perfecto amor en forma de holograma. Somos los próximos replicantes a cazar.  


 El virtuosismo técnico, la fotografía y el BSO con delicadas reminiscencias al compuesto por Vangelis, la convierten en toda una experiencia de potente dinamismo y constante perturbación. Sumado a ello habría que resaltar las profundidades temáticas de carga filosófica que recaen en un nivel de introspección de los personajes propias del cine de Tarkovski. Algunas escenas de la película hacen recordar a los universos decadentes y filosóficos que se observan en Solaris o Stalker. El relato es solemne, épico, de largos planos y algunos silencios pero también de un preciosismo pertinaz.            


Blade Runner 2049 es una secuela brillante, reflexiva y contemplativa. Una película que moldea la realidad con rasgos tecnológicos y virtuales afín a nuestros tiempos donde los límites de la realidad son cada vez más discutibles y la diversidad y el escepticismo son la regla. Todo bajo el halo inspirador de un director que le imprime a su cine toda la intensidad, elegancia y belleza. La mejor película del 2017 hasta la fecha.   



BLADE RUNNER 2049  TRAILER



domingo, 8 de octubre de 2017

YOUTH (Paolo Sorrentino, 2015)




En el 2013 el director y escritor napolitano Paolo Sorrentino sorprendió a todos con su excelente película “La Gran belleza”, todo un homenaje a Fellini, Roma, el pasado, la decadencia y la creatividad como alicientes de la condición humana. Jep Gambardella (un extraordinario Toni Servillo) es un “viejo” escritor que busca el sentido en su vida, algo que aún le motive más allá de toda regla y convencionalismo que es incapaz de descifrar preguntándose asiduamente si en medio de toda la frivolidad y el desencanto que le rodea puede aún existir la verdadera belleza. Para ello Sorrentino recurre a lo más espectacular, fantástico y acaso exagerado. Youth es algo distinta. Es menos festiva y más reflexiva. Sorrentino deja atrás los excesos y la efervescencia y se decanta por un relato más sosegado e intimista poblado también de personajes solitarios, frustrados y auténticos. Youth es una hermosa película llena de matices, colores y emociones basada en un libro del mismo director.




Fred Ballinger (Michael Caine) es un compositor retirado que pasa unas vacaciones en un lujoso hotel en medio de los Alpes Suizos, una suerte de paraíso terrenal. Junto a él se hospeda su mejor amigo Mick Boyle (Harvey keitel), un importante director que busca la inspiración para terminar su última película, su hija Lena Ballinger (Rachel Weisz) que acaba de sufrir una decepción amorosa, un actor famoso con el que hace amistad (Paul Dano) y una serie de personajes que parecieran salir de un libro de Cortázar, Rulfo o Gabo como un monje budista que levita de vez en cuando, una pareja que nunca habla y un ex futbolista argentino obeso y tatuado con el rostro de Marx. Fred entiende que en el ocaso de su vida, los amigos y la familia son vitales aunque se siente atrapado en medio de la rutina y la belleza del momento. Al final, un hecho trágico e inesperado termina por replantear el mundo de Fred.       




Entre la historia de Fred, su negativa a dirigir a una orquesta nuevamente, sus secretos y temores, sus extraños silencios y la relación con su hija y Mick se desarrolla un drama firme, correcto, intenso, salpicado de diálogos inteligentes de fino humor y reflexiones llenas de sapiencia y nostalgia. Youth es una película que brilla, ilumina y eriza los vellos, está llena de imágenes excitantes, impecables y turbadoras. La narrativa es muy fluida y los planos muy simétricos. Sorrentino hace gala de su lenguaje visual vibrante y colorido, de composiciones muy cuidadas y música trascendental que encaja perfectamente con los escenarios, la naturaleza y el drama que encierra cada personaje.    




La espectacular belleza del paisaje y el aparente clima de tranquilidad que cubre todo se entrecruzan con los dilemas y la fragilidad emocional de los huéspedes que parecen habitar un mundo ajeno a todo - más espiritual - pero en el fondo tocado por las mismas sombras, turbiedad y malicia del mundo “real”. Los personajes de Fred y Mick son dos artistas casi octogenarios ya realizados que quieren llevar la fiesta en paz así que se dedican a platicar sobre sus deseos, faltas, anécdotas y fantasías y a pensar en lo que no se dijo, no se hizo ni sintió.  A soñar y recordar más que a vivir.



Youth es una película surrealista, fascinante, sensorial y profunda. Narrada con acierto y soltura. Lo que busca Sorrentino es eternizar una imagen y detenerla en el tiempo para disfrutarla como si fuese una última experiencia. Una película de dramas circulares y magníficas reflexiones sobre la belleza, la muerte, los vacíos y la incertidumbre de la vida. Una de las mejores películas europeas de los últimos tiempos. 


YOUTH TRAILER 



domingo, 24 de septiembre de 2017

THE HUNT (Thomas Vinterberg, 2012)




El gran realizador danés Thomas Vinterberg, uno de los fundadores del Dogma 95 e íntimo de Lars Von Trier, rescata para sí lo mejor del movimiento y su cinematografía para entregarnos una obra sumamente dura, desgarradora, tensa, de una violencia soterrada, siniestra y perfectamente narrada. Vinterberg nos ofrece un drama escabroso y lo aborda desde una perspectiva puramente emocional, instintiva, supersticiosa y acaso, “inquisidora”, en el sentido de que se intenta “mandar a la hoguera” a una persona sin justificación y fuera de toda norma. ¿Qué puede ser más aterrador que el ser humano encerrado en sus dogmas  y prejuicios?.


Lukas (Mads Mikkelsen) es un profesor de escuela infantil que vive en una zona rural de Dinamarca. Es una persona afable con los niños y desconfiado con los adultos. Klara (Annika Wedderkropp) es una niña perspicaz y que vive en un ambiente familiar extraño, hija del mejor amigo de Lukas, Theo (Thomas Bo Larsen). Una mañana Klara acusa a Lukas de acoso sexual y todo cambia. La vida solitaria de Lukas, el abandono de su mujer, las continuas idas de Klara junto a él, su carácter pasivo y complaciente, todo lo que le rodea conspira contra él y le hace culpable. En el devenir de los hechos somos testigos estupefactos de los sufrimientos de Lukas junto a los pocos seres queridos que tiene, su hijo Marcus (Lasse Fogelstrom) por ejemplo, en su intento de revelar su verdad al mundo. 



Si esta película lo hubiese dirigido un director formal, simplista y con una clara vena comercial, el resultado hubiese sido muy diferente. T. Vinterberg le imprime toda la sutileza, crudeza, imaginería y fascinación a una historia de por si polémica y lo hace a través de una serie de escenas y planos muy inquietantes aunque deslumbrantes. El director danés trata el tema de  la pederastia de manera inusual, invierte los papeles de víctima y victimario y convierte un drama íntimo en un conflicto social y belicoso, capaz de desencadenar tragedias insospechadas. Los climas turbios, la cámara en mano, la falta de “academicismo”, la resolución directa, desdramatizada y vertiginosa de los hechos hacen de esta película muy encomiable, inteligente y audaz aunque penosamente destinada a un público escaso




Una película sin grandes sobresaltos, pero intensa, sobria, con un ritmo preciso y una secuencia de hechos que incomodan, hieren y buscan la introspección. Por un lado, en qué clase de sociedad tan fragmentada como la que aparece en la ficción podemos vivir. Una en la que el fanatismo ciego vivifica lo peor del ser humano al no escucharnos ni tolerarnos y reducirnos a todos a nuestra condición de animales y salvajes capaces de todo tipo de atrocidades. O quizá un tipo de sociedad en la que el acercamiento de un adulto con una niña implica únicamente perversión sin dejar espacio para la amistad y el contacto humano que merecemos desde pequeños.



Al margen de los atributos cinematográficos y el trasfondo social que pudiera tener una película como The Hunt, es un claro acierto la presencia de Mads Mikkelsen, el extraordinario actor de Hannibal (2013-2015) que construye aquí un papel diametralmente opuesto al refinado sicópata caníbal de la serie. La actuación de Mikkelsen es brillante y potente. El personaje de Lukas es brutal. Un ser introvertido, sobrio, melancólico y digno, que no realiza el mínimo esfuerzo por defenderse ya que piensa que su integridad y verdad está por encima de lo que puedan pensar o sentir el resto, craso error en un mundo donde las apariencias y los estereotipos son aún muy valorados. Hay varias escenas que son memorables. La escena donde Lukas entra a una carnicería una y otra vez hasta que logra que le atiendan es de una impotencia total.      




The Hunt es una película brillante, conmovedora, controversial y de una tensión emocional que provoca reacciones inimaginables. Narrada con perfección y brillo, desarrolla un drama que incomoda pero a la vez sirve como un espejo para observarnos y aterrarnos de lo que somos capaces de hacer a raíz de nuestras fobias y sospechas más profundas. Una auténtica obra maestra que hay que ver y sentir al máximo.


THE HUNT (LA CAZA) TRAILER 




   

domingo, 30 de julio de 2017

CHICAMA (Omar Forero, 2012)


 

César Castillo (José Sopan) es un joven que vive en Cascas, un pueblo de la serranía peruana a la espera de cubrir una plaza de maestro de escuela en la ciudad capital de Trujillo. Su inexperiencia y la fuerte competencia hacen que acepte un puesto en Santa Cruz de Toledo, un pequeño centro poblado alejado del mundo, como maestro de la única escuela de la zona. La pobreza y el frío ahí contrastan con la calidez de sus habitantes y la belleza del paisaje. Luego de unos días llega Juanita (Ana Paula Ganoza), una joven profesora natural de Trujillo con la que César se relaciona al igual que todos hasta que es rescatada por su madre. Tras pasar unas cortas vacaciones César tendrá que elegir entre seguir su camino o volver a Toledo. Película  de múltiples referencias, minimalista, de planos fijos y duraderos, Chicama es la obra de un director de mucho talento y oficio que a pesar de contar con recursos limitados es considerada por muchos como la mejor película peruana del 2012.


El director trujillano se nutre de los influjos del cine de directores tan “naturalistas” como Kaurismaki, Jarmusch o los Dardenne, para realizar una película rodada a manera de un documental, libre de dramatismos, artificios y fuera de todo afán aleccionador. Un cine más bien contemplativo que busca una mirada serena y diáfana de la realidad. El protagonista es un joven que como muchos jóvenes en su condición busca trabajo en la gran ciudad para salir del atraso y se ve obligado a transitar por experiencias de todo tipo, desde servir en una escuela rural, disfrutar del mar, tomarse unas cervezas en la calle hasta bailar con una linda profesora, pequeños “anécdotas” que observamos con disimulo sin saber exactamente cómo reaccionar. Algunas de las historias son fragmentarias como los amigos que nunca volvemos a ver o las personas que nos marcaron pero desaparecieron con el tiempo. 


Chicama es una película de simbolismos, silencios y elementos muy básicos donde todo fluye de manera rutinaria y simple. La relación de César con la naturaleza se basa en el contacto humano y el hecho de pertenecer a una comunidad para afianzar lazos con el otro. César no es infeliz pero se siente atrapado. Su espacio de acción es mínimo, pero decide actuar y continuar sin saber exactamente qué le depara el futuro. La escena en la que Juanita le pide que le cuide mientras orina es de suma vitalidad para él, le permite por lo menos “intimar” con ella sabiendo fatalmente que no podría ir más lejos.


Lo que busca Forero es transmitir sensaciones a través de una historia de aprendizaje narrada con total espontaneidad, por eso, los diálogos son casi improvisados, las locaciones son reales, las luces artificiales no existen y  los actores no son profesionales. Tambien hay un transfondo social importante que tiene que ver con la educación, la falta de empleo, el drama de los migrantes, etc. La historia de César guarda cierta similitud con la fabulosa cinta de Zhang Yimou, “Ni uno menos”. Si bien ambas nos muestran una dura realidad y las  desigualdades extremas de los ámbitos rurales, “Ni uno menos”, nos da  una gran leccion de vida, a diferencia de Chicama, cuya intención es simple:  contar las aventuras de un joven provinciano camino hacia la adultez.


Chicama es una película cálida, pausada, profunda y luminosa. Utiliza una narrativa que sigue el ritmo del espacio andino donde el tiempo se detiene y todo se vuelve más errante, íntimo y nostálgico. Una de las mejores películas del cine peruano cuya originalidad marca el camino de uno de los directores más importantes de la actualidad que hay que seguir con atención. 


CHICAMA  TRAILER



martes, 25 de julio de 2017

LAURENCE ANYWAYS (Xavier Dolan, 2012)




En una de las escenas más llamativas de Laurence Anyways, un profesor de literatura se presenta a su instituto y recorre el largo camino hacia la cafetería vestido de mujer ante la mirada atónita de muchos estudiantes. Uno de sus colegas se acerca y le dice: “¿Qué intentas, una revuelta?” y él/ella le responde: “No. Una revolución”. Transgresora hasta cierto límite, llena de matices, colores, música y escenas liberadoras, al igual que efectista y excesiva por momentos. Se podrían mencionar muchos atributos y desaciertos sobre la película pero ante todo, Laurence Anyways es un drama complejo y humano, que posee una estética provocativa y que confirma el talento de uno de los directores más prometedores de la actualidad: Xavier Dolan.             




Narrada con una intensidad inusual y con cambios de ritmos casi asfixiantes, la película del director canadiense se inicia con la frase de un escritor desafiando a las personas que cuestionan todo lo que consideran fuera de lo “normal” y busca que los demás traten de entender “su lenguaje”. Un mensaje directo al espectador. Luego de ello, conocemos a los protagonistas, Laurence Alia (Melvil Poupaud), un profesor y escritor y Fred Belair (Suzane Clément), una asistente de producción de Tv y cine. Ambos viven un tórrido y auspicioso romance que se trasluce en imágenes excitantes y música pop hasta que Laurence le confiesa a ella que es transgénero y que siempre se ha sentido una mujer pero que aún así la ama con todo el corazón. En un inicio Fred intenta sobrellevar la relación, incluso decide apoyar la “transformación” de Laurence, pero más tarde se da cuenta que continuar con él es casi imposible y decide separarse para iniciar una nueva vida. En el transcurso de una década somos testigos de la historia de ambos, separados por la distancia pero unidos por los recuerdos, sentimientos, deseos, melancolías y la ilusión por verse. Las  pocas veces que logran reunirse son determinantes para darnos cuenta que lo suyo es un amor romántico y trágico que va más allá del tiempo y la sexualidad de sus protagonistas.      




Xavier Dolan posee un estilo único, utiliza una narrativa fluida, vibrante e irregular por ratos aunque con varios toques de frescura y originalidad que convierten la película en una experiencia completamente sensorial, mágica y espiritual. La música es uno de sus mayores aciertos que sirven de nexo con la linea narrativa de la historia e intensifican la intimidad del momento dramático para otorgarle ligereza y frenesí. La cámara en mano, la espontaneidad y el realismo de los diálogos, los planos cortos, la fotografía colorida, etc., todo es muy seductor y penetrante.  Xavier Dolan se vale de ello y más para conseguir envolvernos en su historia e identificarnos con sus personajes. Quizá el montaje sea algo excesivo pero la línea argumental es verosímil. Hay momentos de mucha belleza y un refinado manejo de la imagen que lo emparentan con el cine de vanguardia de directores claves como Godard y Almodóvar. El videoclip con la canción “Fade to Grey” de Visage es uno de los momentos más lúdicos, brillantes y emotivos de la película. Aquí Fred se desinhibe y se libera de las ataduras de su relación con Laurence, la música hace eco de su sentir y de su desdichado devenir, de hecho, marca el final de la primera parte de la película, aquella en la que los amantes se separan.



La parte final de la película es más reflexiva y nostálgica. Llena de referencias del pasado, lugares comunes, momentos de luz y oscuridad. Fred vive con un hijo y con un marido pero alejada de todo al igual que Laurence que vive con una mujer a la que no ama. Ambos están solos a la espera de que algo realmente motivador e inspirador les ocurra. El final es un alegato en favor de la igualdad y la diversidad, nos recuerda que detrás de cada cuerpo y sexo hay una persona con sentimientos, valores y racionalidad que es única y cuya esencia va mas allá de cualquier tipo de género. Un discurso motivador y controversial aún en la actualidad. De ahí el título traducido de la película: “Laurence, de cualquier forma”, sea hombre o mujer, sigue siendo Laurence Alia.



Laurence Anyways es una película fascinante, potente y triste. Narrada con total libertad y con una estelización de los momentos dramáticos muy cautivadora. Una historia de amor terrible, insólita e intensa, de esas que solo ocurren en las películas y que son capaces de sobrecogernos por horas. De paso, toca un tema polémico que hay que ver de frente con tolerancia y paciencia. Una de las mejores películas de la década hecha por uno de los directores más vanguardistas y jóvenes de la actualidad.  


LAURENCE ANYWAYS  TRAILER