domingo, 16 de abril de 2017

SILENCE (Martin Scorsese, 2016)




M. Scorsese vuelve a la palestra con una película que ahonda su lado más espiritual y contemplativo del mismo modo que lo hiciera en películas memorables como Kundun (1997) y La última tentación de Cristo (1988) aunque en este caso deja entrever una mirada más serena y lúcida propia de su madurez artística y confirma su gran dominio del lenguaje cinematográfico.


Para ponerse a prueba, el director ítalo-americano se inspira en una novela homónima (y muy reconocida en la década de los 60s) del autor japonés Shusaku Endo, que narra la tragedia de un grupo de jesuitas a mediados del Siglo XVII en su afán de llevar el cristianismo a tierras niponas. Si bien la película y la novela cumplen con su función histórica, ambas sirven de reflexión sobre los senderos de la fe y el espíritu en medio de la represión religiosa y sobretodo trata de responder una pregunta clave: ¿hasta dónde somos capaces de llegar en nombre de Dios?.       



La historia sigue las desventuras de dos jesuitas, Sebastiao Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver) que se ven obligados a viajar a la ciudad de Nagasaki en busca de su mentor, el padre Ferreira (Liam Neeson) acusado de apostasía. En su trayecto logran contactar con algunos pueblerinos convertidos al cristianismo que secretamente y con temor a las represalias del cruel inquisidor (Issey Ogata) les ayudan y brindan protección. Ambos son testigos del extraordinario fervor religioso de los conversos capaces de sufrir martirios en lugar de renunciar a su fe. Cuando la situación se hace insostenible los misioneros deciden separarse y luego son capturados por el inquisidor. Lo que sigue es el suplicio constante al que someten a Rodrigues con el objeto de quebrantarlo para traicionar sus creencias; una lucha interna entre fe y razón, cuerpo y espíritu se desata en él y termina por representar su propia pasión.




Si bien el tema religioso está presente en la mayoría de películas de Scorsese, el gran director católico se encarga de ir más allá e inmiscuirse en los terrenos de la fe y la psicología del individuo consagrado a Dios y a la religión. El monje interpretado por Andrew Garfield vive su propio tormento siendo testigo del calvario de muchas de las personas que ven en él una especie de redentor y ven en la muerte, una suerte de expiación y liberación. Por eso, Rodrigues cuestiona constantemente si vale la pena tanta tortura y si en verdad el dolor y el sufrimiento son los verdaderos caminos de la fe. En una escena memorable y desgarradora el monje jesuita escucha o imagina escuchar a Dios pidiéndole que cese su tormento y que se rinda para salvar a otros. La escena es tan cristalina y espiritual (nos manifiesta al Dios amor en contraposición con el Dios castigo), que recuerda la escena de la “niña” que se aparece ante Jesús crucificado y lo libera de su “cruz” en el controvertido filme La última tentación de Cristo.




Polémica aparte, a similitud de la película mencionada de Scorsese que termina con un final reivindicatorio y que hace de ésta una de las mejores películas cristianas de todos los tiempos, Silence tiene uno de los finales más sublimes de la historia. La película busca trascender el tema espiritual innato en cada uno al sobrellevar el drama de la fe y los límites de ella de una manera profunda e integral, en nuestro interior, como seres humanos capaces de amar y perdonar y de manifestar la raíz misma (creo yo) de la fe religiosa: servir a los demás.

Por otro lado, Silence es una película de una factura técnica impecable. Desde los escenarios y la magnífica fotografía que resalta la solemnidad y los climas sombríos que sobresalen durante todo el metraje hasta la luminosidad de las imágenes, los planos fijos y contenidos, la ausencia de banda sonora y las interpretaciones de primer nivel de los actores principales y secundarios. Todo el lenguaje de la película está al servicio de la historia y busca impactarnos, conmocionarnos y poner a prueba nuestra humanidad, nuestros instintos de supervivencia y nuestra disposición casi natural de creer en algo.



Silence es una brillante película que funciona como un viaje emocional y espiritual por los derroteros de la fe. Una obra intensa, poderosa, cruda y reflexiva que busca compenetrarnos con lo más hondo de nuestro ser, Dios y su silencio. Tendría que convertirse con justicia en un clásico del cine religioso y consolidar la reputación  de Scorsese como uno de los grandes creadores de nuestro tiempo.   


SILENCE   TRAILER   


   

 



domingo, 19 de marzo de 2017

ELLE (Paul Verhoeven, 2016)




En 1953, el genial director aragonés Luis Buñuel exhibe la película “Él”, considerada una obra maestra y una de las mejores películas de todos los tiempos.  Traducida en México como “El Bruto”, la película es un thriller sicológico que funciona como un drama (e incluso una comedia) y se basa en un personaje de apariencia “normal” pero cuya mente se hace retorcida y paranoica a raíz de los celos enfermizos que siente por su esposa. El título “Él” alude al carácter universalista del trastorno mental, el estrés y una falsa moral que de alguna manera está presente en nuestras acciones e influye en la conducta de millones de personas. En el 2016 el gran director holandés P. Verhoeven estrena “Elle” (Ella), otro título vanguardista y universal que guarda relación con la película anterior aunque con un mayor grado de sordidez, ironía y ambigüedad.


Paul Verhoeven, el director de películas tan disímiles como “Las delicias turcas”, “Robocop”, “Showgirls”, “Bajos instintos”, “El libro negro”, etc., y el único en recibir y agradecer en vivo un premio Razzie, ha sabido construir la reputación de un director arriesgado, apasionado, eficiente y mordaz; un cineasta que cada vez hace menos cine pero con mejores resultados. Su última película es un testimonio de todo ello. La historia sobre la violación de una mujer mayor y la búsqueda de la verdad podría suponer un thriller o un drama serio en manos de cualquier aficionado pero P. Verhoeven convierte la trama en una especie de comedia dramática satírica salpicada de humor negro, personajes amorales e incluso un fino erotismo donde el límite entre lo sano y lo insano es muy tenue y donde la versatilidad y el poco sentimentalismo de la protagonista se extiende y acentúa en toda la trama.




Isabelle Huppert da vida a Michele Leblanc, la directora de una importante firma de animación de videojuegos para adultos. Ella es una mujer fuerte, impávida e impredecible. Vive sola en compañía de un gato y marcada por un trauma de la niñez. La historia se inicia cuando Michele sufre una violación en casa y decide continuar con su vida con total normalidad hasta que nuevamente es atacada por el mismo perpetrador. La presión que ejerce en el trabajo convierte en sospechosos a sus trabajadores ya que consideran a Michele una “bruja sádica”. El comportamiento retorcido e indescifrable de la protagonista transforma la situación en un affaire entre víctima y posible victimario lo que hace más pecaminoso el actuar de Michelle y abre la puerta para verdades y emociones que pocos son capaces de sentir.


“Elle” es una película que trastoca valores, incomoda y hiere desde una visión “correcta” de la vida y de los sentimientos, inclusive puede ser censurable no por el sexo ni las escenas violentas sino por las sensaciones, situaciones y algunas frases temerarias. La lujuria y la libertad son dos fuerzas que pueden coexistir en sociedades modernas pero cuesta graficarlas y exponerlas. “Elle” también puede interpretarse como una película agresivamente feminista al mostrar a una mujer capaz de lidiar con una situación tan cruel y humillante como la de una violación de la manera más sobria y natural. Claro que la protagonista es valiente y fría pero también es auténtica y veraz. Ella hace y dice lo que piensa, se acuesta con quien desea y se da el lujo de llevar su “caso” solitariamente. A su lado, los personajes masculinos son endebles y patéticos. Comenzando por el padre sicópata, el hijo mediocre, el ex esposo fracasado, el amante inútil para consolarla incluso después de que ella le confiesa su  violación y el extraño vecino que guarda tantos secretos y perversiones como la protagonista.



“Elle” tiene una mirada displicente y pesimista del amor, las relaciones de pareja, los amigos y el sexo. Su relativismo moral es inquietante aunque reflexivo y completamente verosímil. El guión y el trabajo de P. Verhoeven son muy cuidados ya que la historia no se extralimita, ni los personajes caen en el vacio absoluto o el absurdo, son reales y humanos. La actuación de Isabelle Huppert es potente, excitante y descomunal. El  director holandés ofreció el papel a varias actrices de EEUU pero todas la rechazaron. Sólo una actriz completamente desinhibida y sobresaliente como I. Huppert podía personificar a Michele. El papel le asienta a la perfección.


“Elle” es una película oscura, intrigante y fascinante. Toda su fuerza radica en la maestría de P. Verhoeven para dirigir y en la brillantez escénica de Isabelle Huppert. Un thriller de suspenso que impacta y es capaz de llevarnos por senderos indescifrables. Uno de los mejores estrenos del 2016.    


ELLE   TRAILER



domingo, 5 de marzo de 2017

LA LA LAND (Damien Chazelle, 2016)




Un joven y obsesionado baterista de jazz le confiesa a su chica que lo mejor sería terminar la relación ya que él tiene que usar todo su tiempo para ensayar, perfeccionar su técnica y ser el mejor. Ella consternada le pregunta: ¿de verdad piensas que yo te perjudicaría en tu carrera?. Él asienta. Ella le tilda de loco y luego se retira. La escena pertenece a la extraordinaria Whiplash (D. Chazelle, 2014) y sirve para retratar los límites de la pasión, el amor por la música, la búsqueda de la perfección, el sacrificio y la lucha constante como vías de crecimiento y liberación, etc., temas cruciales que sirven de estímulo para el novel director D. Chazelle. Algunas de estas ideas y la narrativa de este cineasta son perfeccionadas en su siguiente película: La La Land (La ciudad de las estrellas).

La vida es un musical. Todo nuestro entorno está rodeado por sonidos: la propia naturaleza, el ruido de la modernidad, sonidos estridentes, la tecnología, la voz humana y la música. El silencio no existe. La música es un medio de sobrevivencia: consuela, divierte, entristece, apasiona y juega con nosotros. La vida sería caótica sin música y sin historias de amor como la que protagonizan Sebastian Wilder (Ryan Gosling) y Mia Dolan (Emma Stone).



Mia es una aspirante a actriz que sirve en una cafetería dentro de un estudio de cine. Vive el gran sueño de Hollywood esperando la fama y el reconocimiento. Ella es persistente, emotiva, divertida, con poca suerte en el amor y estresada por los castings que pasan sin suerte. Sebastian es un pianista apasionado por el jazz y la buena música. Él es discreto, inconforme, taciturno y sobrevive tocando en clubes y fiestas compartiendo con gente que no entiende de su arte. En un instante, en medio del silencio y de un público indiferente, ella se acerca y le dice: “Te oí tocar y sólo quería decirte..” y ¡zas!, él choca contra ella y la deja a un lado. Ese momento mágico es el preludio para una tempestuosa historia de amor.



Luego de aquel incidente, Mia y Sebastian se reencuentran, logran conocerse y enamorarse no sin antes deslumbrarnos a través de la danza y el ritmo contagioso de varias secuencias musicales que rescatan lo mejor del género.  En efecto, son estos momentos los que convierten a D. Chazelle en un gran orquestador que logra fascinarnos e impresionarnos con hermosas secuencias de baile perfectamente sincronizadas y ejecutadas por un par de actores talentosos y un conjunto de travellings y planos de lujo con escenarios de ensueño. Todo funciona a la perfección y es narrado con maestría y elegancia, desde los colores, los vestuarios, los decorados, las coreografías hasta la banda sonora adictiva y precisa. En suma, una puesta en escena inolvidable que representa lo mejor de la película. La escena en la que Mia y Sebastian alzan vuelo y bailan entre las nubes y las estrellas es de una belleza celestial. Lo que sigue es una historia cautivante y nostálgica, llena de sueños y sinsabores en donde el amor sirve de coraza y refugio pero la realidad se impone.




Por eso, La la Land es un musical atípico, diferente, que festeja el amor, la vida, el cine y la música pero lo hace sin alejarnos del drama y la angustia por sobrevivir en un mundo de pocos colores y sonidos. El musical se hace potente y funciona porque revitaliza la felicidad y la energía del amor como alicientes para luchar contra todo, incluso el hecho de llevar una vida de fracasos y sueños imposibles donde pocos te entienden y valoran. Las coreografías y la canción “City of Stars” que acompaña a la pareja en todas las estaciones de su relación no distorsionan el “realismo” de la película, más bien la complementan y todo se hace verosímil y auténtico.



La segunda parte de la película se convierte en un melodrama donde el baile apenas aparece, salvo la magnífica secuencia final y la escena donde Mia interpreta una triste canción que reivindica a los soñadores y románticos del  mundo. Por cierto, la actuación de Emma Stone es impecable y llega a la cúspide en esta escena. Su personaje es mucho más intenso que el de Ryan Gosling. Ambos protagonistas logran una gran sintonía que es primordial para sostener el drama. En una breve escena Sebastian convence a Mia para dejar en “stand by” su relación ya que ella tiene que dedicarse por entero a la actuación. Ambos prometen que se amarán por siempre y la escena se cierra en un azul crepuscular.
  

La La Land es una maravillosa película llena de magia e ilusión. Un homenaje al cine clásico, al amor que conmueve y dulcifica la vida, al romanticismo, al jazz y a los musicales que hemos olvidado y que están desapareciendo. La La land es una reivindicación de lo mejor del cine como espectáculo de masas. El séptimo arte en toda su extensión.  


LA LA LAND   ESCENA



domingo, 19 de febrero de 2017

FRANCES HA (Noah Baumbach, 2012)




En el 2010 un Ben Stiller transformado protagoniza la película Greenberg, una comedia atípica que se centra en la historia de Roger Greemberg, un personaje emocionalmente afectado que pasa unos días en la casa de su hermano e inicia una  relación algo tensa con su asistente. A pesar de incluir a un actor proveniente de Hollywood, la película y el director Noah Baumbach son claros exponentes del cine independiente made in USA, aquel que se centra en historias cotidianas, renuncia a los efectos y se hace con presupuestos limitados. La película también sirvió de lucimiento para la actriz Greta Gerwig, considerada una musa dentro del movimiento indie.


Luego de Greemberg, Noah Baumbach dirige la que quizá sea su obra más aclamada: Frances Ha. Una película que encarna lo mejor del cine independiente, narrada con total soltura y en un acertado blanco y negro que la hacen ver como un clásico con reminiscencias a Manhattan (Allen), Gloria (Cassavetes) y Extraños en el paraíso (Jarmusch). La cámara desenfadada, los diálogos improvisados y la historia, mejor dicho, el fragmento de historia que abarca unos pocos días en la vida de una mujer desorientada y sin aspiraciones la convierten también en una digna heredera de la Nouvelle Vague.


Las primeras imágenes de la película son hilarantes: dos amigas jugando a las peleas, escondiendo las propinas de los músicos callejeros, corriendo por el Central Park y orinando en la estación del metro. Todo pasaría de lo anecdótico si no se tratase de dos mujeres cercanas a los 30. Frances Halliday (Greta Gerwig) tiene 27 años y vive con Sophie (Mickey Sumner), su mejor amiga, compañera de juergas y confidente. La relación de ambas es tan intima que como sugiere   Frances: “parecemos una pareja de lesbianas que ya no lo hacen”. Todo cambia cuando Sophie se independiza y abraza el noviazgo. A partir de ese momento, Frances empieza a pasar ciertos apuros. Vive con unos amigos por un tiempo, su trabajo de bailarina no le reditúa lo necesario, visita a sus padres y termina en Paris sola y sin dinero. De regreso, parece resuelta en continuar viviendo según sus convicciones: sonriendo casi siempre y valorando el presente y la amistad por encima de todo. El final de la película es sublime.




Fuera de las convenciones sociales, morales y del sistema capitalista (“éxito”= “riqueza”), la historia de Frances es la historia de muchas personas en edad madura que buscan el rumbo y pasan por una crisis existencial viviendo la vida relajadamente sin metas ni ambiciones pero rodeados de amigos. El lema CARPE DIEM (VIVE EL AHORA), es la regla y todas las preocupaciones de la adultez están casi ausentes. Frances es una mujer dulce, mordaz y llena de energía aunque confundida y temerosa del compromiso que pueda llevarla a una vida monótona, vacía y sin amigos. Es así que prefiere la amistad al amor, la aventura al trabajo, lo artístico sobre lo mundano y cada instante y persona son una lección de vida. Ella tiene el talento de agradar a los demás siendo como es, sin máscaras. Por eso, nos enamoramos de Frances desde su primera risotada, viéndola sumergida al interior de una piscina e incluso corriendo hasta el cajero para pagar la cuenta; los momentos más disparatados son los más emocionantes.   


Alguna vez leí de un crítico de cine que si existiese el Oscar del Cine independiente, Greta Gerwig tendría tantos premios como Meryl Streep. He visto pocas películas con ella pero basta ver Frances Ha para darnos cuenta que estamos ante un gran actriz, totalmente identificada con el personaje y comprometida con el cine independiente. Toda la película gira en torno a ella, por eso, la manera en que mira a los demás, responde con sarcasmo, cambia de humor y hace lo que se le venga en gana es instintivo y responde a las emociones e impulsos más básicos. Hemos dicho que la improvisación es un rasgo crucial en este tipo de películas y lo de Greta Gerwig es muy loable y profesional, no por nada, ella es co-autora del guión junto a  Noah Baumbach.


Frances Ha es una joya dentro del cine independiente estadounidense, una película lúdica, hilarante, realista, inteligente y enternecedora. Un homenaje al cine fuera del mainstream, donde las historias, los diálogos y las personas lo son todo y la libertad creativa es total. Un tipo de cine que merece verse siempre.            


FRANCES HA   TRAILER



jueves, 9 de febrero de 2017

ARRIVAL (Denis Villeneuve, 2016)



Luego de dirigir la magnífica Sicario (2015), Denis Villeneuve, uno de los directores más importantes de la actualidad, sorprende a todos con su última película  Arrival (La llegada). Basada en la novela corta: “la historia de tu vida” de Ted Chiang, la película sigue la aventura de la doctora Louise Banks (Amy Adams), una afamada lingüista que intenta descifrar el intrincado mensaje que seres de otro mundo parecen transmitir. Si bien el género de invasiones extraterrestres está ampliamente difundido, Arrival tiene un matiz más científico y realista y se coloca al lado de grandes clásicos como: 2001: Odisea del espacio, Solaris, Contacto e Interstellar.



La película tiene un inicio revelador y emotivo: Lousie Banks tiene recuerdos muy vivos e imborrables de su hija en varias facetas de su vida, incluyendo su muerte,  lo que marca un hito en el transcurso de los acontecimientos. La historia prosigue cuando aterrizan 12 naves gigantescas en diferentes lugares y con intenciones desconocidas. Louise es contactada por el coronel Weber (Forest Whitaker) junto a otros científicos para intentar comunicarse con los visitantes,  ¿quiénes son y qué es lo que buscan? son las preguntas claves que tienen que resolver. Luego de varios días y con la ayuda del físico Ian Donnelly (Jeremy Renner) Louise logra interpretar algunos de los signos que usan los alienígenas aunque un error de “traducción” sumado a un clima generalizado de miedo, hace que algunas potencias del mundo decidan actuar antes que sea demasiado tarde.


Arrival es una película que toca temas trascendentales aunque el eje dramático que persiste en toda la historia tiene que ver con el universo emocional de la protagonista y los dilemas filosóficos y morales de la comunicación. Esta no es una típica película de alienígenas versus humanos. Más allá del contacto con seres de otros mundos lo que le interesa a D. Villeneuve es examinar el contacto íntimo entre los seres de este mundo: qué tan frágiles podemos llegar a ser y cómo reaccionaríamos ante situaciones extremas. De hecho, la película transmite con mucho realismo todo el suspenso y el estrés que supondría la llegada de seres parecidos. La escena en la que un grupo de científicos se dirigen al interior de la nave con la respiración agitada y desvariando a causa de la anti gravedad es aterradora.  



Un rasgo decisivo y muy interesante es cómo se desarrolla la fase de comunicación con los alienígenas. Si se percibe que la película tiene un ritmo lento y rígido por momentos es justamente por el lenguaje. Los procesos de comunicación entre humanos duraron millones de años y aún hoy es difícil entendernos. Descifrar un lenguaje ajeno al nuestro sería aún mucho más complejo y gradual. Cuando Louise reclama mayor paciencia a los militares lo hace con la convicción de un científico que tiene que observar por un buen rato antes de establecer teorías. “Hay que entender primero qué entienden ellos por la comunicación, cuál es su concepción del tiempo y del espacio”,  e incluso: “qué tal si ellos no perciben el tiempo como nosotros”,  son frases que piensa y repite a menudo y terminan por ser cruciales en el desenlace de la historia.


Villeneuve es un director aplicado y riguroso, sus películas buscan impresionar, perturbar y hacer reflexionar al mismo tiempo. Por eso, el tema político y/o científico no le es ajeno. En Arrival, si bien los científicos tienen la voluntad de cooperar y compartir información con sus colegas, los militares y gobernantes de las grandes potencias parecen ir en otro sentido y buscan aprovechar la situación para infundir caos. ¿Por qué pensamos que si nuestro mundo es violento, el resto de mundos también lo son?. ¿Por qué proteger un planeta al que estamos destruyendo poco a poco?. Preguntas arriesgadas en un mundo donde el desconocimiento y la manipulación de la información (¿qué es cierto, real o irreal?), son la regla.




Por otro lado, Arrival no sería lo que es si dejáramos de lado el extraordinario trabajo de Amy Adams, una actriz que se mete de lleno en su personaje y sabe expresar toda la angustia y la fragilidad emocional de una mujer que sobrelleva una pérdida pero a la vez es lo suficiente inteligente y valiente para cumplir su misión. La frase de Louise: “hay días que definen tu historia más allá de tu vida”, es en el fondo un presagio y un fin. Ella es el centro de todo. Es capaz de aprender un lenguaje nuevo, de visualizar y relacionar todas las señales que se le presentan y entender finalmente qué es lo que el futuro le depara. Por cierto, ese instante de revelación es sublime. Todo el proceso de autoexploración y autodeterminación de Louise es crítico y señala el rumbo que la humanidad debe seguir.    




Otro elemento fundamental es el virtuosismo técnico de la película desde la fotografía tenue y gris hasta los sonidos sobrios y metálicos, pasando por los movimientos “nerviosos” de cámara, las suaves melodías, los planos abiertos y kubrickianos y toda esa atmósfera que denota nostalgia y crispamiento.

Esta es la primera incursión de Denis Villeneuve dentro del género de ciencia ficción y el resultado es muy prometedor. Su estilo visual y narrativo hace de Arrival una película fascinante, poética y sobrecogedora. Es muy probable que en el futuro se convierta en una especie de guía sobre la comunicación humana. La próxima película del director canadiense es Blade Runner 2049, secuela de la aclamada cinta de 1982. Definitivamente, es el momento de Denis Villeneuve.  


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domingo, 5 de febrero de 2017

ONLY LOVERS LEFT ALIVE (Jim Jarmusch, 2013)



¿Qué es el amor?, ¿vale la pena el sufrimiento y la angustia por el amor en un mundo resignado sólo a sobrevivir?, ¿Cuántas vidas tendríamos que tener para poder entender el amor en su real dimensión?, ¿qué es lo que verdaderamente tiene valor en nuestras vidas?, etc., son algunas de las interrogantes que propone el enigmático e imprescindible Jim Jarmusch en su undécimo largo: “Only lovers left alive” (Sólo los amantes sobreviven). La película permite vivir, al menos por dos horas, toda una experiencia psicodélica, armoniosa, pausada y espiritual. 

El cine de Jarmusch se caracteriza entre otros aspectos por sus atmósferas enrarecidas de nostalgia y por sus personajes solitarios y puros. Esta película no es la excepción. En ella, dos amantes errantes que han trascendido épocas y acumulado un sinfín de experiencias viven una historia de amor racional, madura, melancólica y etérea en medio de un mundo que perciben cada vez más ajeno, extraño y sórdido. Lo suyo es una vuelta al romanticismo de antaño y un intento por exaltar la música, la ciencia, la literatura, el arte y todo por lo que vale la pena vivir.   



 Adam (Tom Hiddleston) es un coleccionista de guitarras amante de la música que vive en Detroit y Eve (Tilda Swinton) es una enigmática mujer que deambula de noche por las calles de Tanger, frecuenta bares y tiene conversaciones ocasionales con su mentor Christopher Marlowe (John Hurt). Todos tienen el mínimo contacto con el mundo exterior salvo para acudir a algún proveedor y deleitarse con la mejor sangre. Pues sí, todos ellos son vampiros, pero muy civilizados. Llevan siglos viviendo entre nosotros y procuran no meterse mucho con los humanos a quienes consideran “zombis” o seres mentalmente afectados y condenados a autodestruirse.   



El vínculo entre Adam y Eve es tan intenso que no necesitan estar cerca para amarse. Lo suyo va más allá de lo físico y mundano; aún a millares de km de distancia su relación funciona a la perfección. La personalidad discreta de ambos y la parsimonia con la que ejecutan cada uno de sus actos sirven para contemplar la belleza del momento. El acto en si por más mínimo que sea es lo que cuenta y hay que vivirlo con gracia y plenitud. Este estado tan idílico entre ambos se pondrá a prueba con la llegada de Ava (Mia Wasikowska), la joven y latosa sobrina de Eve.             
     
                                                       
                              

 Jim Jarmusch utiliza una historia de vampiros fuera de los estereotipos usuales que corresponden al género para filosofar sobre la vida y el amor y de paso criticar a la sociedad actual. La belleza lúgubre de las calles de Tanger, las noches frías que sirven de refugio a los amantes, la música que es una fusión de todas las culturas y los tiempos a la sazón de la extensa historia de los personajes, los magníficos planos, los sobresalientes actuaciones de los actores protagonistas (sólo la frágil y lánguida silueta de la extraordinaria Tilda Swinton es suficiente para representar las aflicciones amorosas de una vampiresa enamorada), en suma, todos los elementos narrativos funcionan bien y evocan al pasado, al romanticismo puro y a la contemplación.




Los tiempos actuales son confusos para ambos protagonistas. Por eso Eva se escapa a Tanger, una ciudad que parece perdida en el tiempo, adornada con el bello arte islámico entre murallas y casas de polvo y piedra al mismo tiempo que Adam se pierde entre la tristeza y los sonidos vibrantes de guitarras o artefactos de más de un siglo, él que fue compañero de juergas de Shelley y Byron, no puede soportar la idea de un mundo colapsado por el dinero y la corrupción. Por ello, cada vez que un "zombi" le hace un favor,  Adam le entrega un fajo de dólares, ya que entiende que es lo único que tiene valor en estos tiempos. El mundo que conocieron, el de Shakespeare, Bach y los juglares ya no existe más.  



“Only lovers left alive” es una película hipnótica, evocativa, romántica y reflexiva. Sirve de nexo con nuestro lado más espiritual y puro. Una magnífica película que en el fondo es un homenaje a dos de las cosas más valiosas de la vida: el tiempo y el amor.   


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domingo, 29 de enero de 2017

DIVINES (Houda Benyamina, 2016)





Divines es la opera prima de la realizadora franco-marroquí Houda Benyamina, y viene a ser un retrato de la marginación, la desigualdad y los excesos de una generación de inmigrantes asentados en Europa desatendida y con pocas oportunidades, todo, narrado desde la mirada de una adolescente y su mejor amiga. Los protagonistas son un grupo de chicos que viven en medio de la violencia y buscan redimirse a través de las drogas y el dinero fácil. Si bien la película tiene un valor artístico incuestionable funciona a la vez como una crónica sobre una juventud descarriada y anónima aunque vital.




En la película Dounia (Oulaya Amamra) es una adolescente conflictiva y enérgica, que vive en un gueto a las afueras de París, junto a su madre, una mujer inmadura y alcohólica y algunos amigos. Su mejor amiga, Maimouna (Déborah Lukumena) es una joven negra que vive con su familia musulmana. Ambas huyen de las mezquitas constantemente, se divierten y buscan pasar el rato lo más lejos de sus familias. Dounia va a la escuela pero siente que pierde el tiempo ya que lo único que le interesa es el dinero, incluso se lo hace saber a una de sus profesoras cantándole “Money, money, money” en plena clase. Ella no piensa en el mañana, lo suyo es el ahora.  El futuro es totalmente incierto y no vale la pena.



Conforme avanza la historia nos damos cuenta que Dounia no sólo es áspera y fría sino que puede llegar a ser una chica muy tierna y sexi. Ella se inicia como distribuidora de drogas y logra compenetrar con Rebecca, la mujer que lleva el negocio y que reconoce su valentía desde un inicio (“sí que tienes clítoris, bien hecho”), a la vez que reemplaza el papel “motivador” e “instructor”  del padre o del maestro ausente (“golpeas primero y luego acaricias”, le dice mientras le apunta con una pistola).  Esta relación le trae buenos  momentos aunque todo se pondrá de cabeza cuando Dounia intenta traicionar su confianza.


Un capítulo aparte merece la historia de la protagonista y Djigui (Kevin Mischel) un joven y apasionado bailarín a quien ella observa a lo lejos cada vez que puede cautivada por su físico sudoroso y la gracia de sus movimientos. Ambos conectan desde un inicio y se enamoran. Lo suyo es una relación tensa, vehemente y espiritual. Ambos se complementan; Dijgui danza a la perfección cuando Dounia le observa sigilosamente y ella se abre como una rosa, se vuelve inmune a todo, dulce y frágil cada vez que agita su hermosa cabellera sólo en presencia de Djigui.  “Todo está listo para el espectáculo, ¿vendrás?” le pregunta él dándole un beso, “ahí estaré”, responde ella, dando inicio al fatídico final.

     
    
Divines es un homenaje a la juventud incomprendida e inestable que lucha por sobrevivir a toda costa. Una película que emociona y brilla por su lenguaje certero y sus personajes llenos de vida. Una pequeña joya que revitaliza y hace amar más el verdadero cine.    


DIVINES   TRAILER